martes, 23 de junio de 2009

La revolución del pensamiento


Esta frase puede resultar un cliché para simbolizar el cambio que ha operado o que debería operar en la forma de pensar del hombre actual. Supone que se han derruido estructuras pasadas y que han sido reemplazas con otras nuevas.
La revolución del pensamiento supone pues, un momento en la línea temporal en el que de manera súbita se da un cambio en el modo de pensar y en consecuencia en su producto, el pensamiento.
Buscar en la línea histórica, debería permitirnos encontrar ese momento singular en el que se modificó cualitativamente la psiquis del ser humano. Evidente es, sin embargo, que deberemos poder evaluar objetivamente y con distancia científica, aún en la proximidad de los acontecimientos esa modificación.
Lo primero que deberíamos intentar dilucidar es si hubo una o más revoluciones del pensamiento a lo largo de la historia de la humanidad. La respuesta viene de manera casi intuitiva, y es afirmativa. Desde el pensamiento que caracterizó al hombre reunido en hordas, las tribus, las familias, los clanes y otras formas de agrupación social, hasta que se dio el Estado como sociedad política y jurídicamente organizada, evidentemente que el pensamiento sufrió cambios, y dramáticos además.
Si aceptamos que desde la constitución de esa sociedad organizada en torno al concepto de Estado, ya en épocas remotas hasta las actuales, las cosas han cambiado, deberemos aceptar también que el pensamiento ha sido revolucionado. En muchos Estados hasta, incluso el siglo XIX, se reconocía como natural la existencia de los esclavos, o de clases serviles y a disposición del Señor. Hoy eso es absolutamente inconcebible y resulta una aberración en la colectividad el sólo pensar que pueda existir gente en esa condición de servidumbre.
La revolución francesa de 1789, ya introdujo un cambio en los paradigmas de una sociedad que hasta ese momento había construido y perpetuado la desigualdad de los hombres, y la prevalencia de las injusticias. Las otras revoluciones, como la bolchevique y la mexicana en un plano similar, buscaron la igualdad del hombre y el destierro de las injusticias. El cambio en los paradigmas de la sociedad. Un cambio en el pensamiento de la sociedad.
El descubrimiento de América en 1492, supuso una revolución mundial al constatar que el mundo no era plano y que tampoco resultaba ser el centro del universo, y sentido único de la creación. Nuevamente, el ser humano tuvo que cambiar el modo de pensar sobre sí mismo y sobre los objetos y la realidad que le rodean.
Las protestas raciales de la segunda mitad del siglo XX en los Estados Unidos de Norteamérica. Individuos de color de piel diferente que buscaban la igualdad y la no discriminación, el reconocimiento de la condición de persona, como sujeto de derechos, deberes y obligaciones, sin importar las diferencias raciales. Subyacía una revolución en el pensamiento, que se materializó en la búsqueda de igualdad y de no discriminación. En la justicia social.
Como estos acontecimientos, el lector podrá inferir muchos otros, que de manera similar, supusieron cambios en la manera de pensar.
Pero la revolución tecnológica y la globalización suponen el mayor cambio de nuestra época.
La llegada del Internet, de la red de redes, menos de 20 años atrás, supuso una verdadera revolución de la humanidad. Iniciada como medio para mantener comunicados a grupos selectos de científicos, el momento que fue llevada de las universidades a la masa, con la aparición del lenguaje HTML y lo que devino después, el mundo nunca más volvió a ser el de antes.
Hoy la forma en la que las personas se comunican, redes sociales como twitter, keegy, facebook y otras supone ampliar los grupos de influencia por cientos, y evitar completamente las barreras geográficas, acaso si aún persisten las barreras lingüísticas, pero hasta eso comienza a superarse.
La aparición del correo electrónico o email, revolucionó la forma en la que uno pudo enviar mensajes a sus seres queridos alejados espacialmente, o a empresas con las que se mantiene negocios o con las que se quiere entablar uno.
La posibilidad de usar la red para informarse de absolutamente cualquier cosa, casi de manera ilimitada, ha supuesto una revolución en la forma de adquirir conocimiento.
La globalización una consecuencia lógica de la revolución tecnológica, ha supuesto convertir al planeta tierra en una sola aldea global, apenas separada por barreras de carácter más bien político, religioso o cultural.
El cambio ha sido tan importante y súbito que incluso a muchos los ha encontrado completamente desprevenidos y los ha dejado rezagados en apenas dos o tres años. Hoy tenemos analfabetos tecnológicos. La persona que no sepa usar una computadora, o la red, simplemente es anacrónica y sus oportunidades de sobrevivir en esta selva tecnológica e informática son simplemente nulas.
Hoy, si podemos afirmar que se ha producido el mayor cambio en el modo de pensar y de entender al mundo, se ha dado la mayor revolución del pensamiento que jamás tuvo la humanidad. Hoy no se piensa para sí, se piensa para y por todos.
Hoy se entiende el mundo, no como un montón de países dispersos en la faz de la tierra y que naturalmente han sido colocados con sus posibilidades y con esas vecindades, se piensa más bien que el mundo es un sistema, un conjunto de partes que coordinadamente deben trabajar para el buen funcionamiento del todo.

lunes, 15 de junio de 2009

Una imágen vale mil palabras...


El mundo de hoy... totalmente digitalizado.
Hagan clic sobre la imágen para verla más clara.
Sobran las palabras,
¿...Creen que es verdad esto...?

Los mejores enlaces a El Mundo de Sofía

A requerimiento de varias amigos que buscan mayor información sobre este fabuloso libro de filosofía, he reunido acá lo que son los tres mejores enlaces de la red. Quiero advertirles que no son enlaces a copias ilegales del libro. Si quieren ello busquen en la red, no aquí. Estos enlaces los llevaran a conocer mucho más de El Mundo de Sofía, y podrán encontrar ensayos muy interesantes sobre este libro.

Wikipedia

Amazon

El rincón del vago

Espero que los disfruten, especialmente el último, encontrarán varios documentos.

viernes, 5 de junio de 2009

La justicia

Siempre se ha sostenido al menos en los entornos públicos no relacionados precisamente con el derecho como profesión liberal que la justicia es el derecho. Sin embargo, esta afirmación suele ser errónea, no siempre la justicia es sinónimo de derecho y viceversa, aunque está claramente establecido que la justicia es el valor hacia el cuál tiende el derecho. Sin embargo el derecho también tiende hacia otros valores como ser la paz, la seguridad, el orden, la libertad, etc., demostrando así que el derecho busca en su más amplia acepción un conjunto completo de valores, dentro de los cuáles la justicia es solamente uno que permite una convivencia pacífica y de bienestar general en la sociedad.

Hay que tener conciencia de que el derecho no siempre ha sido justo, y tenemos como modelo ideal para demostrarlo, al derecho romano. Leyes consignadas en él han permitido la esclavitud, la existencia de individuos que ni siquiera tenían la condición de persona, a la mujer se la excluía de cualquier trato igualitario, y un largo etcétera que ante los ojos de cualquier ser humano de la actualidad le serán bases del derecho, pero contemplan un trato verdaderamente injusto, la justicia no era precisamente el fin último de el derecho romano, al menos no como hoy lo conceptualizamos en torno a la vida y al disfrute de ella.
La justicia por tanto, a sido a lo largo de la historia, y en particular en la cultura occidental que es la que nosotros vivimos sujeta a las más variadas manipulaciones para ajustarse a los intereses de las clases dominantes en cada período.

La justicia muchas veces ha estado distanciada del derecho, y sin importar la existencia o no de la propiedad privada o la ausencia de ella; del modo de producción con sus fuerzas productivas y sus medios de producción; de la religión monoteísta o politeísta o la ausencia total de ella.

Ya en los albores de la civilización occidental, en aquella Grecia cuna de la civilización moderna, unos 400 años antes de Cristo, pensadores y filósofos como Aristóteles dedicaron gran atención y tiempo al estudio de la Justicia, publicando obras como “La República”, un estudio sobre la naturaleza de la justicia y la organización de una sociedad perfecta. La obra encierra una larga exposición de las ideas subyacentes en los primeros trabajos de su maestro el filósofo Platón y constituye un intento de unificar sus principios racionales, éticos y religiosos.

Ser un hombre justo es una de las metas que pretende el ser humano, de hecho la justicia es junto con otras, una virtud cardinal, derivadas todas de las teologales. Expliquemos con un poco de detalle que es la virtud y cuáles son las que se consignan usualmente:

La virtud, según la teología católica, es la propensión a hacer el bien, reside en el alma de los fieles. La fe en Dios, la esperanza (aspiración humana al fin último, la vida eterna y la felicidad) y la caridad (amor supremo hacia el Padre y hacia todas sus criaturas), son las denominadas virtudes teologales, en cuanto dones de Dios que Él deposita en el alma de sus hijos. En ellas se fundamentan las demás virtudes humanas, que se agrupan en torno a cuatro virtudes cardinales: la prudencia (fuente de discernimiento del bien y de los medios para llevarlo a cabo), la justicia (constante fidelidad a los deberes hacia Dios y el prójimo), la fortaleza (por medio de la cual el cristiano permanece firme en sus principios, aunque se encuentre sometido a retos y dificultades) y la templanza (actitud que hace posible, a través de la moderación en los placeres, un uso sabio de los bienes materiales).

El estudio que se hace sobre la justicia, bien puede ser teológico, filosófico o doctrinal, pero sin importar el enfoque que se le dé propende a que ningún hombre sea tratado de manera abusiva, despótica o simplemente caprichosa por parte de otro hombre o de cualquier entidad creada por él. El hombre tiene derecho a que se le haga justicia, y es su deber ser justo.

López Aranguren en su obra “Ética” nos muestra la importancia de practicar la justicia, y citando al autor:

“…Pero ya sabemos que haciendo esto o lo otro llegaremos a ser esto o lo otro; sabemos que al realizar un acto realizamos y nos apropiamos una posibilidad de ser: si amamos, nos hacemos amantes; si hacemos justicia, nos hacemos justos. A través de los actos que pasan va decantándose en nosotros algo que permanece. Y eso que permanece, el sistema unitario de cuanto, por apropiación, llega a tener el hombre, es, precisamente, su más profunda realidad moral…”



Podemos ahora reflejar lo que considera la sociedad que es la justicia, y nada más apropiado que referirnos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la cuál es su vigésima segunda edición define:

Justicia: … que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece, es el derecho, la razón, la equidad...


De hecho todos los grandes pensadores, filósofos o políticos como Platón, Aristóteles, los grandes filósofos de la Edad Media como Santo Tomas de Aquino y San Agustín, posteriores como Stammler y Radbruch han coincido en que:



la justicia es la igualdad y la armonía entre los hombres


lunes, 1 de junio de 2009

El mundo de Sofía

No pretendo hacer una reseña o una crítica de este fenomenal libro de filosofía, tan sólo pretendo rendir mi tributo, reconocimiento y agradecimiento a sus enseñanzas.
Todos sabemos lo árido que puede ser el tener que aprender o hablar de filosofía, de esa "búsqueda de la verdad".
El mundo de Sofía, libro que llegó a mis manos después de que un amigo me lo recomendara, terminó constituyéndose en mi libro de cabecera y por mucho, mi libro preferido.El mundo de Sofía, es una novela que enseña filosofía. Esto no significa que lo que leemos y lo que aprendemos resulta de la febril imaginación del autor Gaarder, precisamente el éxito de este profesor de filosofía, fue escribir un libro que, en sus inicios tan sólo pretendía ser una obra para enseñar a sus alumnos los diferentes aspectos históricos y doctrinales, y que acabería convirtiéndose en un bestseller mundial, ya que incluso los adultos lo adquirieron con avidez.
Asi pues, recomendar a cualquiera que quiera aprender sobre filosofía, y que siempre ha tenido el temor de que esa ciencia es "arte oculta" a la cuál es imposible acceder, que adquiera y lea este libro, no se arrepentirá.
Y de hecho, lo más probable es que termine siendo otro fanático del Mundo de Sofía

Pienso luego existo

Célebre frase de Descartes, filósofo europeo que vivió durante el período barroco, posterior al renacimiento: “Pienso, luego existo” o Cogito ergo sum. Descartes pensaba que el mundo, la realidad, estaba conformada por dos entidades, la espiritual o alma portadora del pensamiento y, la material o extensión, la primera indivisible y consciente, y la segunda, desmenuzable y actor pasivo de la existencia. Descartes como todos los filósofos anteriores, contemporáneos a él o posteriores buscaba la respuesta a tres preguntas elementales: Quiénes somos, donde vamos y de donde venimos. Y pretendió explicarlas a su manera. “Pienso, luego existo” debe no entenderse como: “existo porqué pienso” sino más bien como “pienso porque existo”. A Descartes le parecía poco fiable la información que puede llegarnos a través de los sentidos, de hecho toda la realidad que nos rodea podría simplemente no existir y ser engañosamente real ante nosotros porque la captamos por medio de una serie de filtros que son nuestros sentidos. Lo que sí le era absolutamente real era el hecho de que pensaba, y que si era capaz de pensar era porque existía. Asumía por tanto que cualquier ser pensante debía necesariamente existir. Resulta que con esta aproximación a lo que puede existir se abren dos mundos diferentes en cuanto a cualidad: el espiritual y el material, pudiendo coexistir y de hecho comunicarse uno con otro; la famosa “glándula pineal” creada por Descartes era el puente de comunicación entre los dos. Descartes consideraba que el hecho de pensar, nos daba la posibilidad de influenciar definitivamente sobre el mundo material ya que interactuamos con él; la razón, el hecho de pensar racionalmente y poder estructurar relaciones en el mundo, de describirlo, de analizarlo, de explicarlo y finalmente de modificarlo nos daría la capacidad casi irrestricta de actuar según el libre albedrío y ser dueños de nuestro destino, sin ser deterministas. Teniendo en cuenta la dinámica dialéctica en que se mueve el ser humano y que la respuesta final aún no se ha dado ni puede ser dada, numerosos filósofos han compartido con mayores o menos similitudes su posición filosófica, tantos, como detractores o contestararios han existido y existirán frente a él. Uno cercano que lo cuestionó fue Spinoza, filósofo holandés que no compartía esa separación tan notoria entre las dos entidades que conforman la existencia. Para Spinoza, Dios estaba presente en todo, al contrario de lo que pensaba Descartes para quién Dios nos era externo, externo a la Creación, actuando más como supervisor que como parte de la creación misma que el había hecho. Según Spinoza Dios estaba en todas las cosas, incluso en nuestro pensamiento y la razón. Por tanto y suponiendo que nada de lo creado es caótico o casual, para él nuestra razón obedecía a un plan continuo y estructurado que busca la evolución de la creación, pero no es completamente autónomo, mas bien esta guiado y es conducente a ese objetivo primario. Podríamos afirmar que el hombre piensa porque existe, pero esa podría ser una explicación engañosa, tanto como que el hecho de razonar nos permite ser libres. Nadie es absolutamente libre, ni siquiera aquél que considera no tener ninguna atadura con este mundo físico, y sino bastará pasar unos días sin comer o sin beber para darnos cuenta que somos en cierto modo siempre dependientes, incluso de nuestras necesidades materiales por muy elementales que estas sean. El pensar es un arma de doble filo, puede ser tan constructiva como destructiva a la vez, atormentarnos constantemente sobre el objetivo de nuestra existencia y volvernos esclavos de nuestro propio pensamiento. La única explicación racional para nuestra efímera existencia material y nuestra inquieta conciencia espiritual es la creencia en un plan suprafísico, de un Ser Supremo. Después de todo, “Pienso luego existo” es sólo otro intento del hombre para explicarse a sí mismo.