viernes, 5 de junio de 2009

La justicia

Siempre se ha sostenido al menos en los entornos públicos no relacionados precisamente con el derecho como profesión liberal que la justicia es el derecho. Sin embargo, esta afirmación suele ser errónea, no siempre la justicia es sinónimo de derecho y viceversa, aunque está claramente establecido que la justicia es el valor hacia el cuál tiende el derecho. Sin embargo el derecho también tiende hacia otros valores como ser la paz, la seguridad, el orden, la libertad, etc., demostrando así que el derecho busca en su más amplia acepción un conjunto completo de valores, dentro de los cuáles la justicia es solamente uno que permite una convivencia pacífica y de bienestar general en la sociedad.

Hay que tener conciencia de que el derecho no siempre ha sido justo, y tenemos como modelo ideal para demostrarlo, al derecho romano. Leyes consignadas en él han permitido la esclavitud, la existencia de individuos que ni siquiera tenían la condición de persona, a la mujer se la excluía de cualquier trato igualitario, y un largo etcétera que ante los ojos de cualquier ser humano de la actualidad le serán bases del derecho, pero contemplan un trato verdaderamente injusto, la justicia no era precisamente el fin último de el derecho romano, al menos no como hoy lo conceptualizamos en torno a la vida y al disfrute de ella.
La justicia por tanto, a sido a lo largo de la historia, y en particular en la cultura occidental que es la que nosotros vivimos sujeta a las más variadas manipulaciones para ajustarse a los intereses de las clases dominantes en cada período.

La justicia muchas veces ha estado distanciada del derecho, y sin importar la existencia o no de la propiedad privada o la ausencia de ella; del modo de producción con sus fuerzas productivas y sus medios de producción; de la religión monoteísta o politeísta o la ausencia total de ella.

Ya en los albores de la civilización occidental, en aquella Grecia cuna de la civilización moderna, unos 400 años antes de Cristo, pensadores y filósofos como Aristóteles dedicaron gran atención y tiempo al estudio de la Justicia, publicando obras como “La República”, un estudio sobre la naturaleza de la justicia y la organización de una sociedad perfecta. La obra encierra una larga exposición de las ideas subyacentes en los primeros trabajos de su maestro el filósofo Platón y constituye un intento de unificar sus principios racionales, éticos y religiosos.

Ser un hombre justo es una de las metas que pretende el ser humano, de hecho la justicia es junto con otras, una virtud cardinal, derivadas todas de las teologales. Expliquemos con un poco de detalle que es la virtud y cuáles son las que se consignan usualmente:

La virtud, según la teología católica, es la propensión a hacer el bien, reside en el alma de los fieles. La fe en Dios, la esperanza (aspiración humana al fin último, la vida eterna y la felicidad) y la caridad (amor supremo hacia el Padre y hacia todas sus criaturas), son las denominadas virtudes teologales, en cuanto dones de Dios que Él deposita en el alma de sus hijos. En ellas se fundamentan las demás virtudes humanas, que se agrupan en torno a cuatro virtudes cardinales: la prudencia (fuente de discernimiento del bien y de los medios para llevarlo a cabo), la justicia (constante fidelidad a los deberes hacia Dios y el prójimo), la fortaleza (por medio de la cual el cristiano permanece firme en sus principios, aunque se encuentre sometido a retos y dificultades) y la templanza (actitud que hace posible, a través de la moderación en los placeres, un uso sabio de los bienes materiales).

El estudio que se hace sobre la justicia, bien puede ser teológico, filosófico o doctrinal, pero sin importar el enfoque que se le dé propende a que ningún hombre sea tratado de manera abusiva, despótica o simplemente caprichosa por parte de otro hombre o de cualquier entidad creada por él. El hombre tiene derecho a que se le haga justicia, y es su deber ser justo.

López Aranguren en su obra “Ética” nos muestra la importancia de practicar la justicia, y citando al autor:

“…Pero ya sabemos que haciendo esto o lo otro llegaremos a ser esto o lo otro; sabemos que al realizar un acto realizamos y nos apropiamos una posibilidad de ser: si amamos, nos hacemos amantes; si hacemos justicia, nos hacemos justos. A través de los actos que pasan va decantándose en nosotros algo que permanece. Y eso que permanece, el sistema unitario de cuanto, por apropiación, llega a tener el hombre, es, precisamente, su más profunda realidad moral…”



Podemos ahora reflejar lo que considera la sociedad que es la justicia, y nada más apropiado que referirnos al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la cuál es su vigésima segunda edición define:

Justicia: … que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece, es el derecho, la razón, la equidad...


De hecho todos los grandes pensadores, filósofos o políticos como Platón, Aristóteles, los grandes filósofos de la Edad Media como Santo Tomas de Aquino y San Agustín, posteriores como Stammler y Radbruch han coincido en que:



la justicia es la igualdad y la armonía entre los hombres


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